El director que fue de Erasmus

– ¡Basta! ¡No seas irreverente! Ahora mismo quiero que cojas esta redacción y se la lleves al Director, y le explicas 
     por qué no quieres ser funcionaria. ¡En este colegio estamos muy orgullosos de que casi la mitad de los que terminan consiguen sacar las oposiciones!

La profesora tiró de la niña por el hombro, y la arrastró hasta fuera de la clase. La niña no opuso resistencia, y se dejó arrastrar por
la maestra, que parecía un poco tensa.

El despacho del director estaba al fondo de un pasillo, junto a la sala de profesores. Tenía una puerta de madera, y un pomo dorado.
La maestra, que seguía arrastrando a la niña, tocó en la puerta.

– Adelante – se escuchó la voz amigable del director

La niña entró al despacho del director. Era relativamente grande, con unas ventanas grandes al fondo, que iluminaban bastante bien la estancia.
El director estaba sentado  en la mesa, de espaldas a la ventana. Jugueteaba con una terminal de ordenador, y tenía muchos papeles esparcidos
sobre la mesa de cristal. Toda la estancia tenía aspecto de modernidad, luz y tranquilidad.

– Hola Susana – le dijo a la profesora – ¿Que ocurre? ¿Qué ha hecho esta niña?

– Señor Marcos, esta niña ha hecho incorrectamente su tarea, y encima, ha tratado de burlarse de mi, haciendo preguntas irreverentes

La niña permaneció callada, mirando al director.

– ¿Como te llamas, hija?

– Elena, señor director

– Aah cariño, deja las formalidades. Aquí todos somos compañeros. No pienses en mí como tu director, sino como tu amigo, que quiere 
  lo mejor para ti, de acuerdo , cielo?

La niña asintió con la cabeza, con cierto aire de desconfianza. El director prosiguió

– Bueno, Susana, deja el mal rollo y enséñame la redacción , de acuerdo?

La Maestra le pasó la redacción en el pendrive. El director la pinchó en su terminal, y, tras pelearse varios minutos con la pantalla
del terminal, consiguió imprimirla. Mientras leía, esbozaba una sonrisa. Al terminar, se rió ampliamente a carcajadas.

– Jajaja, muy buena historia cariño! ¿De donde la has sacado?

– De mi cabeza, señor director. 

– Seguro, seguro, que bien… ¿Y por qué dices que es irreverente la niña, Susana?

– Le he dicho que la gente del extranjero es muy antipática, y me ha contestado mal

– Jajajaja, que bueno! No debes contestar mal, Elenita, sino no tendrás novio nunca! Además, Susana, no todos en el extranjero
    son antipáticos, yo he estado mucho tiempo fuera y te digo yo que no! Pero si, ahórrate el viaje, o vete de erasmus unos meses, porque no merece la pena.

La niña miró al director sorprendida, y le preguntó

– ¿Ha estado en el extranjero? ¿En qué lugar?

– Jajaja, si cariño. Estuve en Suecia, un año. Fue durante mi estancia de erasmus.

– ¿Y qué hizo allí, señor director? – Preguntó la niña, interesada

– Buenooo! No me digas señor director. Llámame Marcos! Eso de director y alumno ya no se lleva. Quiero acercarme a ti, ser tu amigo, para poder comprenderte y ver cuales son tus inquietudes. Y si, estuve en Suecia de erasmus, no veas que bien lo pasé!

– ¿Sí? ¿Y qué hizo allí? – La niña se ilusionaba poco a poco

– Pues buenoo, la de fiestas que tuvimos! Salíamos de lunes a Domingo, cuando no era a bares era a discotecas, y 
    ligando con todas las suecas, que no veas, ven un español y se les caen las bragas! jajaja ¡Cuidado no se te caigan a ti! 

La niña perdió todo rasgo de interés de su cara, y empezó a mostrar una clara indiferencia. La Maestra preguntó

– ¿Ah si? ¿Son amables en suecia? ¡Tenía entendido que los que somos buenos con la gente somos los españoles!

– Claaro que si Susana! Es que allí dices que eres español, y todo el mundo se te bota. Que si la tortilla, los toros, las fiestas, ¡genial!
   Pero eso si – dijo, mirando a la niña – allí, mucho frío. Tienes que recogerte temprano en tu casa, y las tiendas cierran temprano
   porque con ese frío no se puede estar. Y la gente allí, buff, trabaja mucho. Y del trabajo a la casa, y de la casa al trabajo, no hay tiempo para más

– ¿Trabajó mucho allí usted, señor director? – Dijo la niña

– Que va, que va, yo me dejé dos asignaturas de mi carrera al final, para poder irme de erasmus. Así tenía todo el día de fiesta

– ¿Y conoció a algún trabajador allí? 

– ¿Trabajador? No, estudiantes de varios sitios, muy buena gente

– ¿De donde eran?

– Pues casi todos españoles, que nos entendíamos más. Luego se juntaron algunos de sudamérica, y algún que otro inglés, pero 
    la pandilla era de los cuatro de la tortilla, que nos llamaban

– O sea, que usted no se relacionó con la gente de allí…

El director la miró sorprendido.

– Sí claro – dijo – con la gente del piso, del bar, de la clase… con mucha gente

– Si allí solo estuvo de fiesta, y solo mantuvo relación con españoles, ¿Como sabe que no merece la pena? 

– ¿Como? … ¿Como? – El director empezó a bloquearse, se puso muy tenso, y de pronto dijo – ¡Se acabó! Es cierto lo que dice Susana, eres una insolente! 
   ¡Ahora mismo llamo a tus padres!

Continuará

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